El envejecimiento es un proceso complejo y multifactorial en el que la piel se ve afectada, a través de factores intrínsecos (genéticamente determinados) y extrínsecos (factores ambientales) En la piel podemos visualizar el envejecimiento y también actuar para atenuar o minimizar los rasgos que delatan el paso del tiempo.

Los dermatólogos realizamos unos tratamientos que ponen el foco combatir de manera general este envejecimiento y que de manera particular está centrado en mitigar los siguientes efectos del mismo:

  • Suavizar arrugas de expresión.
  • Potenciar el tono uniforme de la piel combatiendo manchas e imperfecciones.
  • Reposicionar volúmenes perdidos.
  • Mejorar la firmeza y flacidez de la piel.

De todos los efectos a combatir, la pérdida de firmeza de los tejidos es un signo de envejecimiento que es muy complicado de mejorar con técnicas poco invasivas o mínimamente invasivas una vez que está instaurado, así que lo que solemos recomendar es la prevención.

La piel va volviéndose más laxa a lo largo de los años debido que número de fibroblastos (células de la dermis que fabrican colágeno) disminuye al menos un 50% desde el nacimiento a los 80 años. También sabemos que existe una falta de respuesta de las células de la matriz dérmica a las señales químicas (factores de crecimiento y hormonas). No debemos olvidar que el 80% del envejecimiento de la piel de la cara se atribuye al efecto de la radiación ultravioleta, que favorece la disminución de elastina y colágenos, ambas esenciales para mantener la firmeza de la piel.

Por este motivo, es importante tener en cuenta la prevención de la falta de firmeza, tanto con productos dermocosméticos que aporten a nuestra dermis los nutrientes necesarios para los fibroblastos, como con tratamientos inductores de formación de colágeno como la terapia con ultrasonidos, radiofrecuencia y plasma rico en plaquetas.